EL ARTESANO DE QUINTA DE TILCOCO

Publicado el 12 junio 2018 Por Mariana Martínez @mymentrecopas

Patricio Letelier  es un hombre muy  particular dentro del mundo de vino chileno, y lo es por el dónde y cómo hace sus propios vinos, tanto como por  la forma de la botella dónde los guarda. ¿Sus vinos? Joyitas hechas a mano que bien vale la pena conseguir.

¿El lugar? Una muy antigua casona en Quinta de Tilcoco (Valle del Cachapoal), para ser precisos en la esquina de la Puente Alta con Camino a Guacarhue. Tan antigua es la  casona, cuenta el mismo Patricio Letelier, su morador y dueño, que dice es más vieja que el mismo Conservador de Bienes Raíces (creado en 1857). Según los registros de la familia del Pato, data al menos de 1780. Era, como es tradición, la casona de un gran fundo que entre ires y venires, llegó a sumar 150 hectáreas de viñedos en la época del boom del vino chileno, en los años 80.

De aquellos 150 hectáreas de viñedos, hoy solo quedan unas 5, todas con Carmenère conducidas en liras, cuyas uvas en su mayoría se siguen vendiendo a Viña Concha y Toro. Un dato que no es  solo una anécdota en esta historia. Pero vamos por parte.

Con el terremoto del 2010, esta vieja casona fue declarada inhabitable, justo cuando Patricio regresaba a Chile  por la enfermedad de su padre, después de 12  años estudiando y trabajando en Alemania. ¿Su especialidad y su pasión? La Etología canina, y claro,  quiénes creen ustedes son mejores guardianes y compañeros en aquella casona de 4 mil  metros cuadrados. Casona monumental, que poco a poco ha ido recuperando y rehabilitando con paciencia, sin apuros. Pasando sus botellas en guarda, de una sala a la otra.

Fue en este proceso,  de reconstruir con sus manos la casona familiar, que el Pato -a cargo de la casa y de la agrícola familiar-  comenzó a hacer vino. Primero con la ayuda y directrices de un vecino de Guacarhue, luego con la ayuda técnica Marcio Ramírez,  enólogo en jefe  de la bodega de  Concha y Toro en Peumo.  Dos hombres clave para sus vinos. El primero, un antiguo  artesano tonelero, le regaló su primera piquera (recipiente  de vinificación cónico,  de madera)  y luego le construyó  las demás que hoy suman 10; cada una de las cuales – nos explica Pato-  puede darle hasta tres vinos diferentes; según los vaya extrayendo. También le enseñó la tradición antigua de hacer vinos.

Fue en  esa primera piquera, y siguiendo las instrucciones de su vecino,  que el Pato hizo su primer Carmenère. El cual guardó en garrafas, hasta que decidió servirlo para saciar la sed de sus invitados durante un asado en el que se había acabado el vino que habían llevado.  Marcio estaba ese día,  y quedó impresionado con ese Carmenère en garrafa;  desde entonces le ayuda al Pato con los grados de madurez y controles biológicos y así cuidar la sanidad. Eso sí, ahora el vino seco, se guarda primero en barricas de 400 litros, y luego en sus particulares  botella de vidrio de fondo plano. De la oxidación se protege con azufre, y en eso el Pato no tranza.

Pato,  eso sí, es el hombre del día a día  para que  todo lo demás resulte como un reloj,  pues pone su precisión  y metodología alemana (“cuadrada”); sin contar con su ingenio,  para resolver problemas con mínimos  recursos. Aunque, por contraste, su lema  es: “Soy tan irresponsable, que soy indolente”.

La creatividad de este cincuentón de pelo largo, canoso y lacio, está en todos lados. Está en las compuertas de bolsas de plástico negras retráctiles, que puso en dos capas a la entrada de su bodega de vinificación y guarda;  en un espacio que es de doble techo, y gruesas  paredes de adobe,  y donde no vuela  -en plena vendimia-  ni una  sola mosca. Está también su ingenio en su despalilladora  del siglo ante pasado (1890); en las mangueras que envuelven sus piqueras para controlar temperatura; en las delicadas telas que usa para cubrirlas y para filtrar el vino una vez seco. Porque aquí, todo, todo, se hace a mano, y Pato interviene lo menos posible en todo el proceso.

Clave es además el punto de madurez, nos explica mientras recorremos sus viñedos en plena vendimia  del Carmenère. Las uvas, vemos, como cosechadas a manos por supuesto, y llevadas al patio de vendimia en gamelas pequeñas, a mediados de mayo. Fecha justa para que no haya más piracinas (notas verdes)  en las uvas, y tampoco en el vino. Por la misma razón, nos cuenta,  perdió toda la cosecha 2016. Exacto,  debido a aquellas inesperadas lluvias de abril, a más de un mes de cosecha, no habrá Artesanos Carmenère 2016.

LOS VINOS DE LA PUENTE ALTA 

Por ahora, y seguramente,  por mucho tiempos más al menos, Patricio vinifica en su bodega La Puente Alta solo dos cepas, su Carmenère y un Malbec  que le manda un amigo desde Limarí. Dos vinos que podrán parecer cielo y tierra, pero que juntos no solo muestran  que tienen la misma mano  suave -de lo que pasa en las piqueras durante su fermentación-, sino que juntos son dinamita. Con ellos Pato hace cuatro vinos, 4 Artesanos, todos del  mismo precio. “Por qué debería ser diferente el precio, nos dice, si con todos hago exactamente lo mismo”. Por la misma razón, se atreve a lo que pocos, venderlos sea cual sea la cantidad al mismo precio ( a $16.000 c/u o $51.000 la caja con los cuatro vinos más un aireador de vidrio de  regalo). Contacto: [email protected] / +569-92339993. En Facebook  https://www.facebook.com/ArteSanoWines/. Si quieren ir a visitarlo, se puede, será algo informal e inolvidable, se los aseguro; eso sí, solo previa reserva.

Son cuatro sus vinos de taninos dulces, y rica acidez, que se dejan beber sin complicaciones y mucho placer: grandes compañeros serán de los asados, por supuesto, y platos sabrosos en base a carnes rojas y vegetales asados.

ARTESANO MALBEC 2015, (DE CÁPSULA CREMA)

De precioso color violeta, oscuro, y lleno de fruta negra, de madurez al límite,  en nariz. De  boca suave, cálida,  con notas a  especias dulces, a hojas de té, y a higo seco. Un vino definitivamente que habla del sol del norte. Sin embargo, tiene una muy rica acidez en boca; además de un tanino muy suave, y firme a la vez. De cuerpo medio a ligero, carnoso; muy jugoso en boca.

ARTESANO CARMENÈRE 2015 (CÁPSULA ROJA/ ESPECIAL) 

Este es el Carmenère experimental de la viña, que cada año cambia por alguna idea loca. En el 2015, fue pensado como un Pinot Noir, pero no  puede  negar su color carmín rojo, profundo, propio del Carmenère, tampoco su carácter especiado, herbal, acompañado de frutos negros maduros, en nariz.  De cuerpo medio, más voluptuoso que el Malbec, y un tanino suave pero también más firme que el Malbec. También con una fruta más fresca y a la vez con más fuerza. ¡Una delicia!

ARTESANO 2014 CARMENÈRE  (CÁPSULA NEGRA/ EL CLÁSICO)

Este es el clásico Carmenère de la casa. 100%  con el carácter de la cepa. Este 2014 muestra un color rojo más delicado, de capa media, y la nariz más herbal de todos. Con notas a pimiento rojo. En boca es de cuerpo ligero, y tanino muy, muy sabe. El vino resulta algo plano, con un final  levemente secante y cálido, con notas en retrogusto a  frutas rojas secas. Aunque elegante y sabroso, definitivamente  nos muestra que no es hermano de la voluptuosa  cosecha 2015, como el  resto.

ARTESANO 50 MALBEC + 50 CARMENÈRE 2015 (CÁPSULA GRIS)

De precioso color violeta intenso, con notas a té negro deshidratado y frutas negras. En boca es jugoso, envolvente, y de rica acidez. Su final recuerda al higo seco. Su cuerpo medio es envolvente, de tanino muy suave, con sabrosas notas a chocolate amargo.

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3 comentarios

  1. Gracias Mariana por el lindo reportaje!!!!

  2. Gema Contreras dijo:

    Patricio, gracias por regalarnos el placer de disfrutar tus vinos. Con mi Marido Luis ya nos tomamos el ultimo de las cajas que adquirimos hace unos meses, los dejamos para ocasiones muy especiales. Esperando la nueva cosecha y poder visitar esta hermosa casona.